FAQ

Un psicólogo es un profesional que te va a ayudar activamente a un doble proceso: por un lado, a que resuelvas algunas preocupaciones o problemas, y por otro, a desarrollar lo mejor de ti mismo. Un psicólogo puede estar especializado en diversas áreas (clínica, educativa, infantil, neuropsicología, jurídica, …) y, en general, es aquella persona que te va a proporcionar las herramientas necesarias para alcanzar tus objetivos y alcanzar así un mayor bienestar psicológico.

Un psicólogo no es un mago, es un profesional de la conducta humana, no tiene remedios ni el secreto de la felicidad absoluta, ni tampoco es un amigo sobre el que llorar que nos va a decir lo que queremos escuchar. Es una persona que, gracias a su formación, puede ayudarte a conocerte mejor y a cambiar esas conductas y creencias que, en ciertas ocasiones, no te han beneficiado como esperabas. Te ayudará a disfrutar no sólo de la meta de tus objetivos, sino del camino para conseguirlos.

Nadie está exento de tener dificultades, problemas o preocupaciones. Muchas personas, cuando los tienen, no se sienten bien y pierden la capacidad de disfrutar de aquello que les rodea, no entienden qué es lo que les ocurre o no ven con claridad la causa de las dificultades. Hasta hace bien poco era un “tabú” ir al psicólogo, pero hoy en día, este tipo de personas se reconocen como valientes, porque reconocen que tienen un problema y en lugar de esperar a que se solucione solo, se ponen en marcha para intentar solucionarlo.

Puede que tengamos problemas que nos desbordan, que nos provocan dificultades a la hora de relacionarnos con los demás o que hacen que no encontremos el sentido de nuestras vidas. O tal vez presentemos determinados síntomas (ansiedad, estrés, tristeza…) y no sabemos cómo atajarlos, como salir de esta situación.

Además de estas situaciones, también se puede acudir a un psicólogo con el objetivo de potenciar el desarrollo personal, fortalecer las propias cualidades personales o adquirir nuevos recursos y habilidades que nos ayuden a tener una vida más satisfactoria. Esto es, promocionar la salud mental, la psicología positiva.

Los psiquiatras son médicos especialistas en trastornos psiquiátricos. Estudian y tratan los procesos biológicos relacionados con la salud mental. Intervienen mediante el uso de medicación sobre dichos procesos.

En cambio, los psicólogos tienen estudios universitarios en psicología y se dedican a evaluar y tratar los procesos psicológicos relacionados con la salud mental y el bienestar personal. En concreto, se centran en el pensamiento, actitudes, emociones y conducta de la persona. Uno de sus objetivos es ayudar a la persona a comprender qué le ocurre y gestionar estas tres dimensiones (pensamientos, emociones y conducta) para conseguir  un mayor bienestar psicológico, y averiguar junto a ella, si el motivo de consulta es la causa o la consecuencia de sus problemas.

En algunas ocasiones, psicólogo y psiquiatra hacen un trabajo conjunto, de manera que el primero se encarga del tratamiento psicológico y el segundo, del farmacológico. No son trabajos excluyentes, si no en algunas ocasiones, complementario.

En PersonalMente Psicólogos, las sesiones van dirigidas a conseguir el bienestar psicológico de la persona. Para ello, partiremos de una evaluación de la situación inicial en la que se obtiene información para determinar la dificultad o problemas concretos y sus causas, e incluso, si estos problemas son la consecuencia. A continuación, marcaremos junto a la persona, en una relación simétrica y bidireccional, los objetivos terapéuticos, en función de los cuales se traza un plan dirigido a alcanzarlos. Siguiendo este recorrido, la persona aprenderá a gestionar, aceptar, tolerar o controlar su problema o preocupación mediante determinadas metáforas, técnicas y tareas psicológicas. La persona desempeñará un papel activo, y como nosotros entendemos la psicología, no la llamaremos “paciente” pues no viene “a que le curen”, si no a aprender pensamientos, conductas o gestión de emociones de una manera diferente, lo que conllevará un papel activo.

Al finalizar la terapia o asesoramiento, una vez alcanzados los objetivos pactados por ambas partes, se le darán a la persona una serie de herramientas, pautas y estrategias de afrontamiento relacionadas con el proceso que se ha seguido, para que pueda continuar utilizándolas en su vida en un futuro.

La duración de las sesiones es de aproximadamente de una hora.

La duración del tratamiento, como no hay dos personas iguales, dependerá del caso y se determinará a partir de la evaluación y de los objetivos terapéuticos que se vayan consensuando. Diversos factores van a influir, como pueden ser la situación en la que se encuentre la persona, el ritmo o habilidades de aprendizaje, la evolución del estado de bienestar, etc.

Uno de nuestros objetivos es que la mejora empiece ya desde la primera sesión, aunque no siempre es posible (a veces hay que limpiar para que pueda crecer algo mejor) y que la duración del tratamiento venga marcada por las necesidades personales.

La frecuencia inicial normalmente suele ser de una sesión por semana, dependiendo de la situación de la persona en distintos ámbitos (problema consultado, ritmo de vida, situación personal, etc). A medida que la persona va mejorando, se van espaciando cada vez más las sesiones. Una vez finalizada la terapia psicológica, pueden realizarse sesiones de seguimiento (normalmente a los 3, 6 y 12 meses) para comprobar que los cambios alcanzados se mantienen en el tiempo y generalizados a otras situaciones similares. Aun cuando la persona ya haya resuelto su problema o dificultad, siempre estaremos a su disposición por si quiere hacer alguna sesión de refuerzo o perseguir nuevos objetivos de mejora si así lo requiere, así como el segundo gran objetivo que comentábamos como es el desarrollo personal.

De todos modos, ir al psicólogo no significa que se acabe acudiendo a éste durante mucho tiempo: las terapias o asesoramientos psicológicos también pueden ser procesos puntuales y breves en el tiempo. Debemos evitar una dependencia para cada vez que surjan dificultades en nuestra vida, y ser capaz, por ejemplo, a través de analogías, de resolverlos gracias a todo lo aprendido.

La confidencialidad está totalmente garantizada en las sesiones, tanto presenciales, a domicilio y por videoconferencia. La LOPD nos ampara con todos los datos recogidos y su uso exclusivamente terapéutico.

El secreto profesional y la confidencialidad son dos puntos que se recogen en el código deontológico del psicólogo y, por lo tanto, es un deber para el profesional, y de obligado cumplimiento por los Colegios de Psicología. En relación al intercambio de correos electrónicos, utilizamos todos los medios que están a nuestro alcance para que la seguridad sea la máxima posible.

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