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Psicólogo para el duelo en Fuengirola: acompañamiento para superar la pérdida a tu ritmo y sin juicios. Con total confidencialidad.
En breve: el duelo es el proceso psicológico que aparece tras una pérdida: una muerte, una ruptura, un trabajo o una vivienda. En PersonalMente Psicólogos, en Fuengirola, acompañamos a quien siente que su duelo se ha atascado, para comprender lo que siente, desbloquear la fase en la que está e incorporar la pérdida a su vida.
Qué es
El duelo es el proceso psicológico que se produce tras una pérdida, una muerte o un abandono, normalmente imprevisto o indeseado. Es distinto para cada persona y no solo aparece ante una muerte: también cada vez que en la vida tenemos o vamos a tener menos de algo — una pareja, un trabajo, una vivienda.
Suele venir acompañado de síntomas emocionales y físicos que asustan justo porque no se esperaban.
Las seis fases
En el proceso de duelo se distinguen varias fases. No todo el mundo las atraviesa en el mismo orden, y es normal avanzar hacia una y retroceder después a la anterior.
Es la primera fase del duelo tras el fallecimiento, la ruptura o la pérdida, y se caracteriza por la desorientación y el bloqueo ante lo sucedido. En un duelo de una ruptura sentimental, este sentimiento puede ser más intenso en la persona que no ha decidido romper, en especial si no ha sido capaz de ver las señales previas. A nivel físico puede provocar insomnio, pérdida de apetito y apatía en el día a día, aunque no suele durar más de un mes.
La incredulidad es la primera reacción ante un golpe de la vida. Negar es una manera de decirle a la realidad que espere, que todavía no estamos preparados: “no puede ser verdad”, “cómo ha podido ser”, “no es justo”. El impacto es tan fuerte que dejamos de escuchar, de entender, de pensar. Hay quien niega la pérdida y hay quien, aceptando precipitadamente la realidad, lo que trata es de negar el dolor.
Es el momento en que fantaseamos con la idea de revertir la situación, y se puede llegar a pactar con quien haga falta prometiendo lo que sea necesario. En una pareja, se puede llegar a buscar al otro y humillarnos con tal de recuperarlo. Esta etapa es breve, porque estar pensando todo el día en soluciones es realmente agotador, tanto física como mentalmente.
Lo primero que debemos hacer con la rabia es reconocerla y aceptarla para poder sacarla fuera. La rabia tiene una razón de ser: es pedir ayuda, nos impulsa a tomar otros caminos y nos da impulso para salir a flote cuando estamos en el fondo del pozo. Toda la rabia que se queda dentro, que intentemos negar o esconder, acabará anclando a la persona a la pérdida.
La etapa más larga. Aparece incertidumbre ante el futuro, vacío y un profundo dolor, y cualquier tarea se vuelve complicada. “La vida no merece la pena”, “no seré feliz nunca”, “no encontraré a nadie igual”. Aunque parezca que no acabará nunca, solo desde este punto se puede volver a reconstruir. En las rupturas, la nostalgia empuja a contactar con la expareja, y eso suele dejar a la persona anclada en esta fase.
Nunca es fácil aceptar que lo que se perdió no tiene vuelta atrás, y llegar hasta aquí requiere un gran trabajo. Se trata de aceptar que las piedras que vamos encontrando también forman parte del camino. Es devolver el duelo a su lugar y trabajarlo como un aspecto más de la vida, igual que perdemos juventud, relaciones, lugares y seres queridos.
Cuando se atasca
Se convierte en duelo patológico cuando, después de un tiempo, la persona sigue teniendo los mismos síntomas. Es frecuente que una pérdida no elaborada de forma adecuada dé paso a problemas emocionales e incluso a trastornos psicopatológicos al cabo de meses o de años.
Un duelo elaborado adecuadamente, en cambio, mejora las capacidades futuras para enfrentarse a situaciones de pérdida, frustración o sufrimiento. Por eso importan tanto los duelos en la infancia: saber afrontarlos, hablarlos y no minimizarlos ni negarlos ayuda a crear esas capacidades.
Expresar las emociones a nivel personal, familiar y social, y darles su ritual, es lo que evita que el duelo se enquiste.
Cuánto dura
Muchas personas se desesperan porque quieren olvidarse cuanto antes de su situación y dejar de sentirse mal rápidamente.
Estos duelos suelen durar entre seis meses y dos años, según las herramientas emocionales de cada uno, las circunstancias de la pérdida, el tipo de relación y la personalidad de los implicados.
Señales de alarma
Si te reconoces en varias de estas situaciones, merece la pena consultarlo con un profesional.
En consulta
No se trata de “olvidar” a la persona o la situación perdida, sino de aprender a vivir con la ausencia de una forma más serena y constructiva.
Poner nombre a lo que sientes y dejar de pelearte con ello.
Identificar en qué escalón te has quedado atrapado y por qué.
Que la ausencia deje de ocupar todo el espacio y encuentre el suyo.
Volver a proyectarte hacia delante sin sentir que traicionas a nadie.
Cuando el duelo se queda bloqueado en imágenes o recuerdos que vuelven una y otra vez, la terapia EMDR ayuda a procesarlos. Si el estado de ánimo no remonta con el tiempo, conviene valorar un cuadro de depresión.
Dudas habituales
Estos duelos suelen durar entre seis meses y dos años, según las herramientas emocionales de cada persona, las circunstancias de la pérdida, el tipo de relación y la personalidad de los implicados.
Cuando, después de un tiempo, la persona sigue teniendo los mismos síntomas. Una pérdida no elaborada de forma adecuada puede dar paso a problemas emocionales e incluso a trastornos psicopatológicos al cabo de meses o de años.
Si te reconoces en varias señales: evitas hablar de la ausencia, te invade una tristeza profunda y duradera, estás irascible de forma persistente, tienes flashbacks o pesadillas repetitivas, o aparecen deseos intensos de morir o mucho miedo a la muerte.
No. No se trata de olvidar a la persona o la situación perdida, sino de aprender a vivir con la ausencia de una forma más serena y constructiva.
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