Depresión

Psicólogos Depresión

Psicólogos depresión Fuengirola y Mijas

Trata los síntomas de la depresión con los mejores profesionales.

Los síntomas asociados a la depresión hacen que lloremos con más facilidad, tengamos una actitud pesimista y negativa, que nos sintamos tristes, irritables y culpables de lo que nos pasa. Todas estas distorsiones cognitivas nos llevan a concebir el mundo bajo un paradigma negativo y a sentirnos incapaces de cambiarlo.

La persona suele presentar diversas quejas sin base orgánica, y las actividades diarias se dejan directamente de realizar, como por ejemplo en los estudios, el trabajo, en momentos de ocio, se altera el sueño, la alimentación, la sexualidad, y en general se pierde la facultad para sentir placer, e incluso, se llega a sentir displacer.

La tristeza es algo habitual en el ser humano y con un carácter puntual, en el caso de la depresión está de forma permanente, y a pesar de no ir acompañada por expresión emocional de llanto se refleja en la conducta por la falta de vitalidad y espontaneidad.

A través de una terapia individualizada encontraremos las causas que han originado la depresión así como sobre los efectos que están provocando en la persona. De esta forma, se activa en el paciente recursos internos de afrontamiento, anteriormente bloqueados, recuperando la confianza que la persona ha perdido, así como la autoestima, la seguridad, la alegría, etc.

Hoy en día, una de cada cinco personas en España padece o ha padecido síntomas depresivos.

Los estados de ánimo bajos son muy habituales, pero no tanto los episodios depresivos graves y persistentes en el tiempo. El criterio médico para poder decir que una persona sufre un episodio depresivo mayor, tiene que sentir una notable pérdida de interés o placer ante prácticamente todas las cosas de la vida que antes le hacían feliz, de forma continuada durante dos semanas (y a lo largo de todo el día).
Síntomas de la depresión.

Además, la persona deprimida también debe experimentar, al menos, otros cuatro síntomas de los siguientes:

  • Cambios en el apetito o en el peso.
  • Cambios en el sueño.
  • Cambios en la movilidad.
  • Falta de energía.
  • Sentimientos de infravaloración o culpa.
  • Dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
  • Pensamientos recurrentes de muerte o ideas.
  • Planes o intentos suicidas.
 

Hay que tener en cuenta que en los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser de enfado y de agresividad, en vez de tristeza. Por ello, en PersonalMente Psicólogos nos adaptamos al contexto de cada persona.

Cuando la depresión es leve, algunas personas pueden mantener una actividad aparentemente normal, pero a costa de un desgaste indirecto muy importante.

Otras personas ponen el énfasis en quejas corporales (dolores, náuseas, sensaciones desagradables) y no parecen sentir excesiva tristeza. Por último, hay quienes exhiben ante todo una gran irritabilidad y responden a cualquier vanidad montando en cólera.

Es habitual que los familiares mencionen que han notado cómo dejaba de hacer cosas que antes les agradaban (ir a espectáculos, hacer deporte, ver determinados programas de televisión, disfrutar de sus platos favoritos…), incluso a llevar a sus hijos al colegio o al trabajo, y el mismo sujeto puede explicar que estas cosas “ya no les causan ninguna alegría o satisfacción, o que no le ven sentido”.

Las áreas antes mencionadas (apetito, sueño…) pueden cambiar en la depresión tanto por defecto (lo más habitual) como por exceso. Así, la mayoría de los sujetos pierde el apetito y, en consecuencia, disminuye de peso; sin embargo, otros tienen más hambre y engordan. Igualmente, el deseo y el apetito sexual tiende a disminuir, pero en algunos pocos casos puede aumentar (menos frecuente). También ocurre lo mismo con el sueño: lo más característico es el insomnio, pero en algunas personas encontramos un exceso de sueño (hipersomnia).

En cambio, siempre se da una falta de energía, cansancio y fatiga, pero no lo contrario (un exceso de vitalidad). Incluso aunque no se lleve a cabo ningún ejercicio físico o mental, la persona deprimida se quejará de una enorme fatiga, lo que convierte en un esfuerzo enorme cualquier mínima actividad (incluso lavarse, vestirse, comer o andar un poco). En ocasiones, aunque el sujeto no lo mencione, se podrá observar que tarda el doble o más en hacer sus actividades diarias, si es que las llega a realizar.

Casi siempre el deprimido tendrá sentimientos de inutilidad o culpa, y se infravalorará. Es frecuente que esté preocupado por pequeños errores del pasado y que malinterprete acontecimientos cotidianos, que no tienen ninguna importancia o que no le atañen en absoluto, y que los mencione como pruebas de sus defectos personales.

La mayoría de las personas deprimidas creen que han perdido sus capacidades y su inteligencia. Se ven mucho más inútiles y no se sienten capaces de pensar, de concentrarse o de tomar decisiones. Pueden dar la impresión de distraerse con facilidad o quejarse de falta de memoria..

Por último, son frecuentes los pensamientos de muerte, las ideas y los planes para suicidarse e incluso, en los casos más graves, la tentativa de hacerlo. Las ideas de suicidio varían desde la creencia en que los demás estarían mejor si uno muriese hasta los pensamientos transitorios, sobre el hecho de suicidarse, o los auténticos planes específicos sobre cómo cometer el suicidio. Pero la frecuencia, intensidad y letalidad de estas ideas son muy variables.

El grado de incapacidad asociado a un episodio depresivo mayor es muy variable. Si la incapacidad es grave, la persona puede perder su capacidad para relacionarse o trabajar. En casos extremos se vuelve incapaz de cuidar de sí mismo (no come, no se viste, no se lava). La repetición y la prolongación en el tiempo de los episodios depresivos mayores dan lugar al Trastorno depresivo mayor.

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